Por ahí escuché decir que existe un lapsus de confusión y caos dentro de la mente de un joven universitario, lo llaman "la crisis de octavo". En estos últimos días he notado que varias personas están en el momento más complicado de su carrera, debido a que el fantasma de la tesis comienza a hacerse presente. Sienten que sus proyectos personales no se realizan y peor aún, en lo profesional no han contado con la suficiente experiencia que los colocará, por lo menos, en la competencia por los puestos de trabajo que hay en la calle.
Quisiera poder comprenderlos pero, sólo siento empatía por ellos. El tiempo pasó tan rápido que después de dos décadas, comienzan a sentirse las consecuencias de las malas decisiones tomadas en el pasado. ¿Qué sucederá cuando ya no pueda equivocarme, cuando los errores cuesten dinero y la experimentación no sea una calificación, sino el futuro de mi vida? Es tanta la responsabilidad que el simple hecho de imaginarla, de entrada, me aterra pero, al final, siento un gran reto que le da un sentido a mi vida.
La distribución del tiempo es tan valiosa que me llego a cuestionar la razón por la cual estoy redactando esta reflexión en un blog que cualquiera podrá leer. Bien podría estar buscando un empleo o desarrollando un proyecto para seguir adelante, sin embargo, cada quien tiene sus maneras de desahogar lo que en su cabeza ya no tiene cabida, la duda.
Yo sufro mi propia crisis, la padezco tanto que hasta el sueño me quita, y cuando ya no sé qué hacer, recuerdo el consejo de alguien que ya no está conmigo "¿para qué te preocupas? Nada mas te desgastas, actúa y vivirás mas". No todos seguimos la linea recta para alcanzar nuestros objetivos, algunos (como yo) estamos hechos para andar en las curvas de la vida, en esas curvas peligrosas donde los acelerados terminan por estrellarse y caer al barranco, y los más lentos, terminan por estorbarle al que va detrás.
Me ocupo, conozco, indago y pregunto. Y así, mientras me empapo de cultura, de las tendencias que me rodean, busco la forma de mezclar lo que me apasiona con un proyecto profesional que me de muchas satisfacciones, pero que nunca me tenga satisfecho, porque cuando eso pase ¿qué le dará sentido a mi vida?
Sólo espero no ser él único que siente ese tenso ambiente que provoca ver, cada vez más cerca, el momento en el que la escuela dejará de cobijarnos con su manto lleno de conocimientos y tendremos que cargar con un prestigio, poco o mucho, pero un prestigio al fin de cuentas.